PERPETUIDAD.

Por Lilly Barrera
Antes asociábamos este término a la estancia que todos tendríamos en el campo santo… Siempre y cuando se pagara. Hoy este término aplica perfecto a lo que subimos a nuestras redes sociales. Lo grave de dejarnos llevar por nuestros impulsos, es que publicamos una cantidad extraordinaria de información y ni siquiera nos detenemos a pensar en lo que estamos escribiendo.
Es peor que echar palabras furiosas. Nada de lo que publiquemos se borrara, todo, absolutamente todo irá a parar a la memoria del Internet perpetuamente. Esa red que nos ha unido con parientes que están lejos, con amigos de la infancia, con amores pasados. A esa misma red tiene acceso nuestro jefe, nuestros familiares y hasta nuestros enemigos.
Hoy más que nunca están brutalmente expuestos todos nuestros movimientos. Podemos bloquear personas,  borrar estados, borrar etiquetas. La triste realidad es que las redes sociales nos exponen a un grado inimaginable. Ni siquiera es necesario prender la localización de nuestros móviles: con sólo tener la dirección de nuestro acceso saben en dónde ubicarnos.
Estamos a la vista perpetua en el ciberespacio. Tenemos la oportunidad de despotricar en contra de quien sea desde nuestros equipos conectados a la red: perpetuamente existirán las publicaciones aunque le demos eliminar. Los padres se enteran de lo que hacen los hijos porque su vida depende de cuantos likes tengan.
Chamacos borrachos, cogiendo, derogándose, quemándose (literal, quemándose con fuego y alcohol) golpeándose, agrediendo… Exhibiéndose y haciéndose virales por un rato de FAMA. ¿Con qué cara le dirán a sus hijos que no son los autores de tanta estupidez, de tanta exhibición? Perpetuidad, hasta después de su muerte.

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