TEATRO O TELEVISIÓN.

Por : Lilly Barrera

Repetir, repetir, repetir; una y otra vez, 5 veces, 10 veces, 20 veces. No sé cuántas veces he repetido una escena. No sé mi número máximo de repeticiones. Claro que yo me harto de repetir escenas y por supuesto que los demás también. Confiamos no sólo en nuestra mente, sino también en nuestro compañero. Confiamos en el equipo que somos. Repetir. Ensayo, ensayo. Palabra mágica para un actor. Significa estar empleado. Cuando estudiamos teatro nos hacen la advertencia de que deben verte y oírte. Eso parece muy claro. El reto está en que deben verte y oírte hasta la última butaca de la última fila del teatro. Comprendes que tienes que duplicarte: hacer movimientos grandes, gestos grandes y por supuesto, la voz potente. Al salir a escena se siente la adrenalina inundando el cuerpo: el placer de estar en escena haciendo nuestro quehacer. Al final, el pago. El aplauso del público reconociendo nuestro esfuerzo. El sonido del aplauso es de tal satisfacción que lo guardas en el corazón, en la mente, en el alma. Ese sonido es un alimento sagrado.

Cuando vamos del teatro a la pantalla chica, no es tan sencillo para un teatrero. Pocos ensayos, apuntador, correcciones continuas en maquillaje, escenas que se cortan. Grabación de dos o tres tomas de la misma escena (Cuando de plano está muy desconcentrado el actor o no puede pronunciar bien son muchas más) y lo que sigue. ¡Alto! Los movimientos son más pequeños, los gestos son pequeños,la voz no es de trueno. Se mide la fuerza. La adrenalina no es tanta. No hay aplausos del público. Tanto tiene su gracia el saber hacer teatro como hacer televisión.

Pese a ser hijos de la misma madre cada uno cuenta con su propia personalidad y singulares características. Por ejemplo, los formatos de los textos son diferentes. El Maestro Fernando Wagner da cuenta de las diferencias en sus libros “Técnica y teoría Teatral” y “La televisión“.

La vida de un ejecutante escénico no es de envidia. Considerando  que el teatro demanda muchísimo tiempo incluyendo el que debería ser para nuestra intimidad. Todos los teatreros  podemos hacer una cronología de nuestra vida basada en las obras que trabajamos. Como diría Julieta Egurrola, con el teatro no hay tiempo para celebraciones familiares, ni charlas de sobre mesa, ni siquiera cumpleaños. Siempre estamos trabajando. Trabajamos hasta cuando dormimos. Laboramos cuando los demás trabajan y ejecutamos nuestro quehacer cuando los demás descansan. La televisión da ciertos espacios. Ciertos respiros.

El teatro es un amante en extremo celoso: pide todo tu tiempo y toda tu atención. A veces yo me he hartado de lo absorbente que es pero siempre vuelvo a él.

En mi época de estudiante me dijeron que era un desprestigio actuar en televisión. Incluso un profesor tuvo el atrevimiento de correr de su clase ( Y hasta de la facultad) a alguno que tuvo la osadía de externar que deseaba incursionar en la televisión. No se puede desprestigiar la actuación de la pantalla por el simple hecho de que parece menos laborioso. Finalmente ambos aspectos escénicos requieren de una gran concentración y de un compromiso extremo. No podemos darnos a la tarea de perder el tiempo porque es lo que menos tiene una producción.

Normalmente el público aprecia el falso glamour que emana de estas actividades y temo informar que somos bastante normales. La ropa de trabajo en el teatro se caracteriza por ser cómoda. El vestuario es para los ensayos generales y la función. Para la televisión, la ropa de trabajo es todo aquello que sea cambios requeridos para las grabaciones y esos son a veces, soberanamente incómodos.

No sé qué tan fácil o difícil sea hacer teatro o televisión, de lo que sí tengo certeza es que estar en las tablas o en el foro es un placer.

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